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seniors por el mundo india nepal

Desafíos nuevos, reflexiones profundas.Nosotros, los de la tercera.


Según la OMS


“En apenas una generación, la población mundial mayor de 60 años casi se duplicará, transformando la economía, la cultura y la forma de vivir la madurez.”





El mundo envejece, y lo hace rápido.

Según datos de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, en 2050 más del 22 % de la población mundial tendrá más de 60 años.

Frente a este escenario, la pregunta ya no es solo cómo vivir más, sino cómo vivir mejor.


En los últimos años, múltiples estudios coinciden en que el aprendizaje continuo y la estimulación intelectual tienen un impacto directo en la salud mental y emocional de las personas mayores.

Aprender un idioma, incorporar nuevas tecnologías o animarse a viajar no solo ejercita la memoria, sino que amplía la percepción del mundo y de la propia vida.


“Cuando uno se expone a otras culturas y formas de pensar, también resignifica su historia personal”, señalan especialistas en envejecimiento activo.

Esta apertura suele venir acompañada de una mayor empatía, tolerancia y aceptación, incluso frente a la idea de la finitud.


No es casual que la longevidad tenga hoy un marcado rostro femenino: las mujeres representan aproximadamente el 55 % de la población mayor de 60 años a nivel global. Muchas de ellas lideran este cambio cultural, participando en programas de formación, viajes educativos y experiencias interculturales.


La tendencia atraviesa tanto a profesionales como a no profesionales. Aunque quienes tuvieron mayor acceso a educación formal suelen mantener una vida intelectual más

activa, el aprendizaje en la madurez crece en todos los sectores sociales, impulsado por cursos online, tecnologías accesibles y redes globales.


Lejos del estereotipo del retiro pasivo, la vejez comienza a pensarse como una etapa de expansión: más consciente, más reflexiva y, en muchos casos, más plena que décadas anteriores.


Un camino hacia el bienestar espiritual.

Un día, uno se despierta y se da cuenta de que cumplió un número generoso de años.


El silencio que se produce entre la incredulidad y las certezas de haber entrado en el tramo final ,las últimas décadas del camino, es aterrador.

La vida va perdiendo color y uno se zambulle un agujero negro propio del que no sabe cómo salir.

Esa es la primera impresión.


Una vocecita que surge de las profundidades del abismo dice ¿Y ahora qué?

¿Gran pregunta, ahora qué?

Las pérdidas nos pesan en los hombros como un lastre, los dolores del alma, las decepciones, de pronto llenan todo el espacio.

¿Por qué pienso en todo esto ahora? pregunto a la vocecita.

Porque ahora tengo tiempo.

Gran cosa.

Uno ya hizo lo que tenía que hacer, ya estudió, tuvo una profesión, crió sus hijos, trabajó como cuarenta años sin descanso, alimentó, educó, infundió valores.

¿And now what? Como la publicidad del pegamento.

Y no, nada se pega.


Ahora llega el momento del duelo con uno mismo, una serie de preguntas que a veces tienen respuesta y otras no, un camino propio y en soledad, individual y privado en donde las verdades claman su lugar en la historia, las que queremos oír y las que no.


Un juego de pin pon entre la voz interior y nosotros, que asistimos al diálogo como meros espectadores y no como reales protagonistas.

Eso tiene el silencio.

¿Entonces que hacemos?


Lo mejor es relajarse, escuchar lo que tiene nuestro interior para decir y enfrentar el hecho de que la nueva etapa es un camino de autoconocimiento, de comprensión profunda, de un cambio de mirada hacia los otros y hacia el propio pasado.

Hay que procesar en ese tiempo o décadas que faltan, la propia finitud.


Que cuando uno mire para atrás diga que buena vida tuve…como decía Amado Nervo…vida nada me debes, vida estamos en paz.


Pero no llegamos aburridos, ni contrahechos, ni tan siquiera metidos en un caparazón, nos largamos a la aventura como si tuviéramos treinta, con todo el bagaje de experiencia, pero con estas reflexiones que hacen de nosotros unos nuevos protagonistas.

Es rematadamente un placer viajar a esta edad, porque tenemos ya una comprensión global del contexto mundial, para bien y para mal, particularmente nos hacemos y hacemos preguntas al resto del mundo sobre si es posible o no tener alguna esperanza de futuro en este tan convulsionado mundo de hoy.


Es un cambio de perspectiva radical, los intereses son otros, las preguntas más profundas y ni hablar de las emociones.

Porque, nos dimos cuenta en esos ratos de diálogo con uno mismo, que solo desde el corazón uno vive intensamente, y llega a desatar los nudos interiores que fue enredando durante toda la vida.

La verdad descarnada que surge te va a mostrar las cosas buenas y las malas también, para que llegues a un punto de perdonarte como ser humano fallido las malas decisiones y celebrar mirando para atrás, las buenas que te llenaron la vida.

Y eso produce emoción, lagrimas, risas, intensidad,


Me ha pasado en los viajes para estudiar idiomas en el exterior, (que a esta edad ya es por placer y no para llenar el CV )en un entendimiento mezclado de idioma y cultura, sentir que podía bromear con gente que no conocía, de países diferentes, y en una situación de juego en donde todos éramos iguales y tratábamos de hablar en una lengua común.


Me ha pasado, sentir ganas de bailar con unos, llorar y reírme hasta las lágrimas con otros y sentirme furiosamente viva.

El mundo se convierte en el patio trasero de casa, un lugar en donde volver a aprender y jugar.

Aprender a reírse de uno mismo, es una cualidad importante de esta edad, aprender que nos pongamos la ropa que nos pongamos, el mundo no gira a nuestro alrededor y a nadie le importa en lo más mínimo los kilos de ms o las arrugas que portamos.

¡¡¡Que bendición, que descanso!!!

No tener que competir con los modelos que nos querían imponer, no tener que esperar la aprobación o no de los demás y buscar la propia felicidad dentro de uno.

Esa felicidad en goteo.


Cuando paso por la cocina y veo una luna despampanante y atrevida que sigue su curso, y corro como una loca para encontrar el celular y sacar la foto, que no ganará ningún concurso, pero que es mi foto, de mi luna en la ventana y de esa noche en la que yo me permití esto ..es aquí y es ahora.


Es aquí y es ahora, un lema diario que aferra todas las vivencias, todas las intensidades, que hace que la vida valga la pena, una mano que acaricia la tuya apenas un roce, aquí y ahora.

Todos los días practico unos minutos de Tai Chi, aunque me sigue gustando el spinning, me permite concentrar, estirar desafiar mis propios límites y sentirme ágil.


La vida se presenta con proyectos, y nosotros, los retirados mayores de 60, 70 y demás, volvemos a la carga, incursionamos en IA, intentamos no bajar los brazos a la tecnología que arremete conspicua en nuestras vidas.

Manejamos la app en los celulares, investigamos y hacemos lo posible por seguir un poco el ritmo. Mantenemos la mente abierta, aprendemos, investigamos.

En un viaje a Vancouver a estudiar inglés, tuvimos una compañera mayor de 80 a la que no podíamos exigir mucho físicamente, pero de noche se escapaba, llamaba un UBER y se largaba a cuanto concierto de rock o de clásica que había.

Actitud, ante todo.

Nuestra generación ya no le da crédito a los mandatos, fuimos una generación de transición, sufrimos los embates del conservadurismo y de los hippies al mismo tiempo y nos cambiaba el chip con frecuencia.

Ahora mis coetáneos van a clases de baile, de yoga, pilates ,se anotan en maratones, hacen ciclismo, viajan de un país a otro.

Aprenden otros idiomas y traban amistades internacionales.


¿Cuál es la contra de tanta felicidad?

Que vivimos más años, y hay que tener un equilibrio entre todo eso, y las pérdidas de amor y de amigos que se quedan en el camino, una ruta más larga y muchas veces en soledad.

Es importante convertirse en el mejor amigo de uno mismo, en esa compañía que en definitiva te acompaña hasta el final, poder chistarlo y decirle, ¿Qué hacemos esta noche? ¿Ruido o silencio?


Esta parte, debería ser un camino de búsqueda de no digo a la perfección, es una tontería, pero sí tiempo de mejorar ese ser que somos, con los más y los menos, de mantener la sonrisa para los demás, los brazos abiertos para la compasión, las palabras para el consuelo, la sabiduría adquirida para generar conocimiento en otros, y transitar muy livianos por el camino.

Cuanto menos tenemos que guardar más livianos estamos.

Hacia una salud mental equilibrada

Siempre me enseñaron el lema Mens sana in corpore sano.

La nueva perspectiva es corazón, mente y cuerpo.

Al cuerpo lo mantiene vivo y sano la sensatez ante todo, un poco de todo y mucho de nada

Un helado cada tanto, una copa de vino, algún asado .

Mantener el movimiento para que uno no parezca un muñeco manejado por un titiritero, cosa que es frecuente cuando uno llega a cierta etapa.

Lanzarse al estudio de disciplinas nuevas, idiomas, tecnología, o volver a leer y ejercitar la imaginación.


Pero fundamentalmente…volver a ese cajón en donde uno guarda recuerdos, cosas que ha juntado en su vida, desempolvar el antifaz de niño y ajustárselo bien, para que cada día sea una búsqueda del tesoro, volver a sentir esas emociones que nos provocaba encontrar una tapita de bebida Cola con un premio, un caparazón de cangrejo seca, una piedra de colores.


Volver a ver el mundo con ojos de niño.

En una palabra, cambiar la perspectiva a un momento de la vida en que sentíamos que podíamos jugar, divertirnos, y todo se presentaba como una concatenación de maravillas.

El tiempo es hoy…es aquí y es ahora.

Tiempo de hacer, tiempo de decidir, tiempo de aprender, tiempo de amar.

Hoy es el momento… ¿mañana quien lo sabe?



Hasta aquí pura reflexión y pura emoción.

Pero el gran desafío a desarrollar es también el contexto económico en el que vivimos.

Jubilaciones exiguas, posibilidades nulas.

Revertir el pensamiento tanto publico como privado en este sentido parece una utopía.

Conseguir un trabajo aunque sea unas horas por semana ..una empresa titánica.


¿No es hora de replantear un lugar en el circuito laboral, y aprovechar las características de flexibilidad y curiosidad antes descrita de toda esta masa de personas?

No se necesitan ni salarios jerárquicos ni cargas sociales, esas ya las han cumplido y el resultado es por no ser ofensiva, bastante magro.


Aniquilar las posibilidades generales de una masa crítica del 22% que puede aportar tiempo, trabajo en remoto, horas de escucha, experiencia y sensatez parece algo casi como un suicidio en términos de futuro.

No están para el desguace, aunque el término sea duro.

Están para colaborar con el sistema.


Es la generación que tiene más tiempo disponible y menos necesidades.

Crear recursos laborales en este sentido ayudaría a que el sistema jubilatorio tuviera un soporte de base que completara un haber un poco mejor, las empresas contarían con ayuda de gente con experiencia en varias áreas y sobre todo áreas que tengan relación con la interacción con personas.


Esperemos que el futuro nos depare mejores políticas de distribución laboral.

La longevidad no es solo un desafío sanitario o económico.

Es, sobre todo, una oportunidad cultural: la de repensar qué significa envejecer en un mundo que ya no se detiene a los 60.



OMS – Organización Mundial de la Salud

• Envejecimiento saludable

• Salud mental y bienestar en adultos mayores https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health

Naciones Unidas – World Population Prospects

• Demografía global

• Proyecciones por edad y género https://population.un.org/wpp/


OCDE

• Aprendizaje permanente

• Actividad cognitiva y longevidad https://www.oecd.org/employment/older-workers/


Con el carinio de siempre


Isabel

14 de febrero de 2026, en un arranque de afecto a mis companieros de tribulaciones!!

 
 
 
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