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seniors por el mundo india nepal

La tribu de la Dolce Vita, suelta en el Garda

Habíamos puesto ese nombre al grupo que iba a Roma, y seguimos escribiéndonos a través de ese chat.

Un poco nos definió como grupo unido, un conjunto de personas con ganas, con deseos de explorar y usar lo que aprendíamos como herramienta.

Desde hacía unos meses estábamos planeando la escapada al Lago di Guarda, y al Tren Bernini.

Solo seis iríamos porque las demás querían estar en Roma para Semana Santa. Pero al resto le acuciaban las ganas de moverse, de ir un poco más allá, y con mi habitual inquietud la búsqueda resultó fácil.

El tema de siempre es que mirar el mapa es engañoso. ¡De este punto a este otro...no es tanto, está casi pegado! Y el casi...te arrastra con sus cuatro letras .

Con este parámetro partimos el jueves Santo, después de haber pactado con la directora de la escuela que haríamos una pequeña tarea para solventar el faltazo, con la vil excusa de nuestra parte de que habíamos planeado esto tanto tiempo atrás teniendo en cuanta los feriados de Pascua de Argentina, jueves y viernes.

En Italia, se trabajan esos dos días, pero hay un feriado el lunes, Pasquetta, al que por supuesto, también habíamos incluido en la aventura.


Éramos seis integrantes de la tribu, sueltos, libres, y en destino.

Por empezar, eso de que todos los caminos llevan a Roma.......es relativo.

Ahí descubrimos que en el norte todos los caminos pasan por Milán.

Comprar los billetes de tren para Pechera, razonables y en el horario que uno busca, tiene lo suyo, y es que todos hacen cambio en Milán.


El viaje dura 4 horas y media, y la maldición del turista, ese ser que se adentra en las redes pecaminosas ferroviarias, paga su peaje en términos de stress.

Porque baja en Milán, uy tiene que esperar el que va a Peschiera del Garda, que aún no figura en cartelera, uno sabe que sale a determinada hora, y aguarda...con las mochilas colgando de la espalda, algún Carrión, calentando motores para salir disparado y el destino esquivo no figura en cartelera.

Y así corren unos minutos de incertidumbre cuando por fin tres minutos antes de la partida, aparece el destino y uno se da cuenta de que esta en la otra punta de la estación.


En ese momento se ve una masa de gente que corre para un lado y otra que corre para el otro, lo cual produce el consabido choque de fuerzas con las consecuencias de picos de stress súbitos y algún insulto.

Cuando finalmente se llega a la carroza indicada, como llaman a los vagones, el pasajero se desploma en el asiento, feliz de haber superado la prueba, sudoroso y mal peinado, con la ropa caída por el peso de la mochila y una sonrisa boba en la cara.

Así empezó nuestra aventura y para nada fue la única vez que nos pasó.


La búsqueda de alojamiento en este viaje, la había hecho unos meses antes, fue retocándose con el tiempo, y es la segunda maldición del turista.

Casi la mayor parte de los alojamientos tiene camas dobles, no individuales.

Gente grande, no pactábamos dormir juntos, y además éramos cinco mujeres y Carlos, el antártico, cosa que había que tener en cuenta.

Después de infructuosas búsquedas nocturnas di con el lugar indicado en Peschiera, dos departamentos uno cada piso, para tres personas cada uno, dos dormitorios y un sofá cama en el living. ¡Joya!

Con esta vista y tan perfectos y bien decorado que daban ganas de quedarse.


Teníamos un itinerario bastante ajustado, esa tarde tocaba Sirmione, un pueblo cercano, con el Castillo Scaligero y un centro histórico muy lindo. Nos abalanzamos al puerto, con sed de aventuras...y ahí nos quedamos sedientas nomas, los ferris ya no salían, jueves Santo, pero me prometió el único ser que encontramos, que a la mañana siguiente si saldrían.

El caso es que el viernes había otro itinerario, Limone, Malcesine y el Monte Baldo.

El hombre, el único ser, ¡explicó que para llegar a Limones tardaríamos cuatro horas en el Ferry!

¡Cuatro horas ,exclamé, si en el mapa se ve ahí nomas!

El único ser me miró sonriendo apenas, con ese aire de superioridad que les da el aire marino.

Pero me dio el dato que necesitábamos, a Sirmiense se llega en bus, y la parada es esa.

Con lo que nos dispusimos a esperar el dichoso bus.


Al principio estábamos solitos. Con el correr de los minutos empezó a haber más gente, y al final, una hora después, éramos una multitud.

Llegar a Sirmiense fue otra aventura, en el medio del viaje el bus para y pide que se bajen. Y uno tiene que interpretar que ese bus no llega y tomar otro pagando nuevamente.

Sirmione cumplió con nuestras expectativas.

 

El Castillo Scaligero, con sus almenas en forma de cola de golondrina.


Como cualquier castillo romántico, el Castello Scaligero tiene una trágica historia de fantasmas. La leyenda cuenta de un joven noble llamado Ebengardo que vivía en el castillo con su hermosa amante, Arice. Una noche de tormenta, un caballero de la región rival del Véneto, Elalberto, llamó a la puerta buscando refugio.


Ebengardo, obligado por las leyes de la hospitalidad, lo dejó entrar. Sin embargo, Elalberto quedó impresionado por la belleza de Arice e intentó forzalla en su habitación. Arice se defendió valientemente pero fue apuñalada hasta la muerte por el intruso. Al escuchar sus gritos, Ebengardo corrió a la habitación, pero llegó demasiado tarde. En una furia ciega, tomó la daga y mató a Elalberto.


Abrumado por el dolor por no haber podido proteger a su amor, Ebengardo se consumió. Se dice que su fantasma todavía ronda el castillo en las noches de tormenta, vagando por los pasillos y buscando a su perdida Arice. Los visitantes han reportado puntos fríos y una sensación de profunda tristeza en el ala residencial del castillo.


Desde arriba del Castillo.
Desde arriba del Castillo.

Al día siguiente, y después de las 4 horas encima del Ferry, llegamos a Limone, otro pueblo de lo más encantador.


otra vez el ferry y bajamos en Maalcesine.

Divino.

La subida al Monte Baldo no pudo ser, perdíamos el ultimo ferry, de forma que nos juramentamos volver el año que viene y pasar cada día en un pueblo del Garda.

Por fin llegamos a Peschiera al anochecer, muertos de cansancio pero contentos, sentía que habíamos escrito otro capítulo de memorias, otras huellas en el camino, anclajes en lucha contra la falta de interés ajena.

Nuestro propio camino senior.


Al día siguiente iríamos a los Alpes, en brazos del Bernina Express, pero antes de eso, deberíamos luchar contra los elementos, tal como les contare después.



Isabel

Bs As

mayo 2026

 
 
 
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