El hielo y la soledad
Asíi comenzo la entrevista.
En un pequeño departamento de hombre solo, los dos sentados junto a la mesa redonda en un atardecer invernal y desapacible.
Estoy frente a Rudy Del Valle, científico, geólogo, con 49 campañas antárticas sobre la espalda .
Alto, fuerte y rozando los ochenta.
Una historia pura de resiliencia, una mezcla de inocencia , frescura y decepción que lo hace tan interesante.
Rudy tiene unos ojos claros increíbles y cuando habla de la Antártida el invierno de afuera se ilumina y la tarde se llena de blancos y azules.
-La primera vez allá...el hielo y la soledad se me metieron en la venas y nunca jamás se fueron de ahí. Podia pasarme meses, vivir en una carpa con 45 grados bajo cero, invierno o verano, que el enamoramiento era permanente. -
La historia de Rudy tiene de todo lo imaginable, aventura, pasión, diversión, camaradería y sufrimiento.
A los dieciséis años cae enfermo con poliomietlitis, en esa época aciaga de la salud en Argentina.
Termina inconsciente en un pulmotor durante seis meses.
Al despertar no tenía ninguna memoria, nada que recordar de sus años de infancia. Sus padres tuvieron que contar e implementar recuerdos .
No sabia nada , tuvo que aprender a caminar, a hablar, y todo lo que implica ser un adolescente de esa edad.
Meses enteros de rehabilitación y un cerebro totalmente en blanco.
A eso le debe , dice Rudy, una carrera meteórica en la Facultado de Ciencias Exactas, el título de Geólogo, tres idiomas y un afán aventurero . Se sonríe...no tenía grabado nada ! estaba totalmente en blanco.
-¿Blanco como la Antártida?-
Cuando le nombro la Antartida los ojos le brillan. Se convierte de pronto en un narrador de aventuras.
Ante mi desfilan pinguinos emperador, ballenas azules, focas, cormoranes.....y el infinito blanco.

-La imaginación descontrolada suele jugar malas pasadas en la Antártida. Frente a las costas de
Marambio, la Isla Cockburn se parece a un enorme plato volador suspendido sobre el mar, en medio
del Golfo Erebus y Terror. De planta casi circular, el diámetro de la isla se aproxima a unos 3 km y
está completamente libre de hielo. Consiste de una plataforma plana elevada a más de 200 m de
altura, cuyas paredes caen a pique hacia el mar. Tiene una prominencia cónica aproximadamente en
su parte central, lo cual le confiere el aspecto de una verdadera nave espacial, el clásico “platillo
volador” con su cabina de mando en el medio..-.
Mi imaginación vuela junto al relato.
-Cierta vez estábamos en el borde de la meseta de la Isla Marambio, realizando unas largas y
tediosas observaciones geodésicas con instrumental fijo sobre un mojón, las cuales requerían poca
atención personal, pero se prolongarían varios días sucesivos. Comenzamos a discurrir, bromeando
sobre el tema OVNI en relación a la curiosa forma de la Isla Cockburn, pero más nos atrajo la
silueta que exhibían las masas de hielo en ablación sobre la costa de la Isla James Ross.
En particular atrajo nuestra vista una gran masa de hielo de aspecto lenticular de unos 500 m de
diámetro, aislada sobre un pedestal perfectamente plano de roca. La gran lenteja de hielo parecía un
plato volador a punto de despegar desde su pista aérea en un cosmódromo. Iluminados por la luz
dorada del atardecer, continuamos la charla hasta que la fría brisa del atardecer antártico nos obligó
a regresar a las carpas.
Al día siguiente por la mañana, me atrajeron los gritos y ademanes de mi alborozado compañero,
quien ya estaba instalado en el mismo lugar del día anterior, continuando las observaciones
geodésicas allí iniciadas. Me acerqué rápidamente y agitado, le pregunté qué pasaba. Por toda
respuesta me señaló con el dedo, atónito, la misma plataforma de roca del día anterior, donde ya no
estaba la enorme masa lenticular de hielo.

Que misterio!
-Rudy,¿ cuántas campañas alla?-
-49, me dice - entre las de verano y las de invierno-
-Creo que no sé hacer otra cosa más que desarrollar investigaciones en el ámbito de las ciencias de la Tierra antártica, manejando botes neumáticos y motos de nieve y viviendo en carpas o refugios.
A escasos dos días de cumplir 60 años volvi a vivir una de mis experiencias más placenteras en la Antártida.
Fue como volver a mis años de juventud ,cuando bastaban para embriagarme solo las ráfagas congelantes del viento antártico.
En esta ocasion , la emocion fue tan intensa que se me escaparon lágrimas de alegría, las cuales terminaron en perlas levemente salobres congeladas sobre mi barba, ahora blanca.
Volver a pisar el hielo marino en la ahora congelada bahía Lopez de Bertodano y sentir la misma sensacion de libertad despues de pocos pero largos años de ausencia fue muy fuerte para mi espíritu.
í
Hacía horas que hablábamos, tan absorbidos por la charla, él por sus recuerdos y la emoción, y yo por estar frente a tal personaje que iba desgranando aventura tras aventura, En mi cabeza desfilaban el blanco hielo, los camaradas, las risas, las comidas enlatadas, los 40 bajo cero , las tormentas de nieve, las leyendas y los misterios, y una gran fila de pinguinos emperadaores , focas de dos pelos, lobos marinos durmientes.
Me dí un banquete, como cuando de chica leia las hazañas de Shackelton o de Amudsen, o las novelas de Salgari.
Un verdadero festin narrado por un famoso cientifico, con mas de 700 publicaciones internacionales , suyas y con otros cientificos de envergadura.
La noche caía afuera, el silencio sólo interrumpido por su voz profunda .
Un toque de emoción, un toque de decepción y tristeza tambien.
-¿ Cuándo dejaste de ir?- le pregunto.
Me señala su bastón.

-La ultima vez, estabamos investigando un glaciar.
El tiempo era extremo, 45 grados bajo cero, varios días sin salir de la carpa. Teníamos prohibido salir con menos de 40 grados, así que habíamos pasado un tiempo leyendo, comiendo, lavando ropa, y haciendo tareas de rutina.
Un día amaneció soleado, la tempeartura había subido hasta 42 grados bajo cero.
Y nos fuimos a nuestro trabajo en el glaciar.
Todo el día recibiendo viento helado, al final cuando quedaba apenas luz, les dije a mis compañeros, falta algo, me quedo un rato, si dentro de una hora no llego vengan por mí.
Seguí trabajando un poco más y me senté en la moto de nieve, ahí me dí cuenta de que las piernas no me respondían me volqué hacia un costado y me arrastré detrás de la moto, para protegerme del viento.
Mis compañeros me encontraron a la hora justa, llegamos a la carpa y fui trasladado al continente. Congelamiento de miembros inferiores, tuvieron que reemplazarme caderas y femur. -
Se hizo un largo silencio.
Su cara antes emotiva y pasional me muestra una tristeza infinita,es como un trazado de huellas sobre la nieve que cuentan la historia.
No sólo las experiencias sino algo más que tiene que ver con la sensacion de pérdida que nos ataca cuando ya no somos los que fuimos y pasamos a retiro.
Cuando cambian los gobiernos o las autoridades las epopeyas mueren , la memoria agoniza en unos pocos y el olvido nos inunda con ferocidad.
¿

¿Sería mejor pensar que nuestro aporte a este mundo en la linea del tiempo, es apenas un nanosegundo?
¿O esa idea es solamente una manera elegante de consolarnos cuando dejamos de sentirnos necesarios?
Casi todos los seres humanos que alguna vez existieron desaparecieron de la memoria colectiva
Aceptar nuestra transitoriedad no es lo mismo que aceptar nuestra irrelevancia en vida.
Subrayo esta frase..Creo que no sé hacer otra cosa mas que desarrollar investigaciones en el ambito de las ciencias de la Tierra antartica, manejando botes neumaticos y motos de nieve y viviendo en carpas o refugios.
Rudy mira su bastón.
Yo pienso en la Antártida.
Y me queda una pregunta:
¿Quién soy cuando ya no puedo volver al lugar en el que aprendí quién era?
Reencontrase cuando la vida cambia.
Isabel
Agosto de 2026



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