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Los 44 escalones .......del casco histórico de Peñíscola.

Actualizado: 20 feb

Como siempre , mi función de planificación dentro del grupo de irredentos fue producto de una previa evaluación, comparación de posibilidades y en algunos casos...una pizca de imaginación.

Y ya que íbamos a Peñíscola....qué mejor que alojarse cerca del castillo, en un lugar pintoresco y autóctono, original.


Uno se deja llevar por la vista de los balcones florecidos, y las calles empedradas y ese contraste azul y blanco que le da el color de identidad.


De manera, que entre azules y blancos y flores y balcones, elegí un casa dentro del casco .

El día que llegamos ....llovía furiosamente.

Dejamos el auto en el parking a cielo abierto, para llegar hasta la calle dentro del casco, había que cruzar el puente de madera que cruza el foso alrededor del Castillo....con las valijas a cuestas.


Primer alerta .

Pero cuando por fin, en subida y bajo la lluvia, con las valijas rodando ruidosamente por el puente de madera y por el empedrado hasta subir a la calle donde nos alojábamos....me di cuenta de que a veces...es mejor callar la imaginación.

Todo era muy lindo, la casita de tres pisos para arriba, una escalera estrecha que subía en una especie de caracol infinito , primer piso, cocina y living, segundo piso dormitorio y baño , y tercero dos dormitorios y más arriba...terraza.

De manera que si uno se olvidaba de algo al subir a dormir, y dado que no habíamos podido llevar las valijas a cada piso. por lo estrecho del espacio......tenia que bajar y volver a subir ... Se escuchaba el retintín de los irredentos que mascullaban...44 escalones.... con voces de ultratumba para que yo los oyera .

Para arriba y para abajo en una letanía permanente.


Sin embargo, levantarse temprano y caminar por esas callecitas dormidas ...no tiene precio.

Como una ladrona de sueños salía cada mañana con la cámara y captaba el corazón del lugar, me metía aquí y allá, dueña absoluta de la villa.


y descubría rincones y esquinas, escaleras y piedras , en mi ruta de roba sueños.


El placer de la recorrida matutina, antes de que el movimiento propio del casco y el turismo fuera invadido por ruidos y personas....fue un regalo , una especie de magia antigua que me llevaba a diario hasta el Castillo.




E invariablemente establecía alguna conversación con el Papa Luna, de quien ya hable mucho.

Hay unas frases , en el Libro de las Consolaciones de la Vida Humana, escritas por Benedicto XIII, el Papa Luna , que sintetizan lo que fue su pensamiento...


Se me privo de todo en este mundo terrenal;

quisieron comprarme, envenenarme,

pero no pudieron atar mi voluntad puesta al servicio de Ti,

ni poner cadenas a mi pensar.


Pues todas las mañanas, recorría las calles empedradas hasta el Castillo, las calles vacías en las que solo mis pasos resonaban, y llegaba hasta allí.


Decían las malas lenguas que el Papa era un mago, que construyó una escalera de piedra en una sola noche para tener salida al mar desde el Castillo..., que tenia el Códice Imperial que revelaba un secreto terrible que podía destruir a la Iglesia, y guardaba en una cánula de oro....que nunca fue encontrada, que podía volar, en fin, tantas cosas se dijeron por ahí.

El Castillo, muy blanco y muy sobrio, fue construido por los Templarios sobre una alcazaba árabe.

No hacían nada al azar, se decía que Peñíscola era uno de los lugares del planeta en donde confluían corrientes de bioenergía que explicarían fenómenos paranormales , y que los Templarios eran dueños de esos conocimientos.


Benedicto XIII, llego hasta ese refugio huyendo de quienes lo perseguían , en su embarcación , en medio de una feroz tormenta.

Cuenta la leyenda que el Papa abrió sus brazos y le dijo a Dios que si lo consideraba el verdadero Papa, calmara las fuerzas de la naturaleza para que llegaran a tierra.

De inmediato, la tormenta calmó su furia.

Benedicto entonces dijo...Soy el verdadero Papa, y me mantengo en mis trece. Y al que no le guste....a tomar con viento fresco.

Y ahí se quedó hasta el fin de sus días.

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Lo cierto, es que el pueblo de Peñíscola lo amaba y lo sigue venerando.


Y 600 años después, siguen celebrando al que no se doblegó, ni ante Roma ni ante ningún otro , no se corrompió, y en definitiva, fue un hombre libre, que llevó hasta el final sus convicciones.



Cuando volvía de estos paseos de madrugada , me esperaban los irredentos, y siempre, pero siempre, a alguno de ellos le tocaba subir o bajar las escaleras y otra vez la letanía ...44 escalones....pero lo cierto es que estaban encantados con el lugar ,con la historia, con nuestra vida de pueblo de casco histórico en no temporada, en esas noches que salíamos a cenar a La Cueva y ya Paco conocía nuestros gustos y nos despedimos con grandes abrazos el ultimo día con la promesa de volver.





Porque si de día tiene magia, Peñíscola nocturna es mucho mas mágica .

Una músico por aquí y otro por allá, una guitarra que llora en flamenco.


Los irredentos , hechizados , subyugados por Peñíscola, por el mar, por la historia, por ese mediterráneo azul verdoso que trae la suave brisa al atardecer, por sus balcones con flores y el olor a cocina con frutos de mar....







y con nuevos elementos novelescos que pasean sus historias por cada rincón del pueblo....


Hasta tiene su autor propio y todo!!!!


En fin, que los tres irredentos hermanos que tengo, todavía siguen cargando las tintas con los 44 escalones , que si para el próximo viaje van a llevar a cabo una auditoría previa, que si tengo una imaginación desbordada, y otras cosas por el estilo, pero en el fondo, cachondeos aparte, todos dejamos una partecita del corazón ahí, a la espera de recuperarla algún día.




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